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La historia del agente de la CIA que sobrevivió a la KGB

La historia del agente de la CIA que sobrevivió a la KGB

Mayo 2015 (RP/METRO).- Esta es la historia de Francis Gary Powers, un experimentado piloto de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que el 1° de mayo de 1960 se subiría a un U-2 para hacer su trabajo. Era el hombre que más había volado con esa aeronave de reconocimiento. Pero ese día Powers tenía un mal presentimiento. La historia la hizo pública el propio organismo gubernamental de los Estados Unidos, en una serie de relatos que llevan claridad sobre hechos impactantes de la historia reciente.

Ese día la misión del piloto era clara. Se realizaría la primera incursión de reconocimiento desde el espacio aéreo soviético sobre todo la URSS y Powers era el comando indicado para completarla. La Guerra Fría atravesaba su momento de mayor intensidad. Y el espionaje internacional estaba en auge. Nadie conocía el funcionamiento de esas máquinas aéreas como él. Y sólo tenía 30 años.

Pero algo andaba mal. Powers tenía un mal augurio. La misión se pospuso tres veces debido a las complicaciones meteorológicas y le asignaron otra nave. Fue la primera vez que el reconocido piloto aceptaba una propuesta que había resultado tabú para su carrera: cuando le ofrecieron llevar veneno oculto en una moneda de plata de un dólar dijo sí.

A las 5.20 de la mañana del 1° de mayo ascendió al avión con un sabor amargo, pero convencido en terminar su misión. Powers transpiraba mucho. Pero era algo normal dentro de un cockpit a punto de despegar y en el incómodo traje. A medida que tomara altura la temperatura descendería naturalmente.

Los temores del agente de la CIA comenzaron a hacerse realidad cuando ya era demasiado tarde. "Sumergido" poco más de 2 mil kilómetros en territorio soviético el "piloto automático" se rompió y debió tomar el control manual de la aeronave y completar la misión. Regresar era tan riesgoso como terminar con el plan al que había sido asignado, concluyó.

A las cuatro horas de vuelo comenzaría a cambiar su vida para siempre. Powers escuchó un "golpe sordo". El U-2 tambaleó fuertemente al mismo tiempo que vio un luz naranja, típica de un misil tierra-aire. Los soviéticos lo habían interceptado y su misión, el avión, el material recolectado y su vida corrían peligró. Comenzó a caer, sin control. La primera reacción del comando fue activar los botones de autodestrucciónde las pruebas. De esta forma protegería del enemigo la información recolectada. Pero decidió primero elaborar un plan para su evacuación. La moneda de un dólar ya rondaba su cabeza.

A medida que pasaban los segundos descartaba la posibilidad de eyectarse. Le resultaba imposible. La fuerza G se lo impediría y las consecuencias serían peores. Moriría. Fue entonces que resolvió salir del avión. Pero debía hacerlo rápido y calculando cada uno de sus movimientos. También debía librarse de los tanques de oxígeno a los que estaba unido. Empujó y sacó la cúpula mientras el avión caía descontrolado, dando vueltas. Se desabrochó el cinturón de seguridad al tiempo que su casco se congeló imposibilitándole ver con normalidad. Logró salir. Casi a ciegas. No pudo destruir las pruebas.

Powers desplegó su paracaídas y comenzó a caer. El silencio era total. Sólo el viento lo acompañaba. Su visión comenzó a volver. Y el agente de la CIA comenzó a pensar cómo debía seguir su misión. El suelo se le hacía cada vez más grande y cercano. Los segundos eran fracciones. Los pedazos de su último U-2 pasaban a su lado. El tiempo se agotaba.

Fue allí cuando Powers observó que un vehículo seguía su huella en el aire. "Es momento de la moneda de un dólar", pensó, desesperado. Pero su deseo de sobrevivir era mayor. Reflexionó que quizás tuviera alguna oportunidad de salvarse. Entonces sacó el veneno de l a moneda, lo guardó en un bolsillo y tiró el dólar en territorio soviético. Segundos después, fue él quien "aterrizó".

Cayó a tierra y dos hombres -que conducían el vehículo que pudo observar desde el aire- lo transportaron a una aldea cercana, junto a su paracaídas. El pueblo entero era testigo del espectáculo. "Un enemigo de la patria" estaba en ese lugar inhóspito y miembros del gobierno central habían ido a capturarlo. Junto a él llevaron piezas del avión. Powers vio también que los agentes soviéticos tenían en su poder cinta fílmica. El material que debía llevar hasta las oficinas de la "Agencia".

Al principio el piloto norteamericano ensayó una excusa inverosímil a sus interlocutores. Su experiencia le decía que eran agentes de la KGB. Pero fue poco creíble: les contó que había perdido el curso de su avión y que no sabía dónde estaba. Horas después fue trasladado desde Sverdlovsk hacia uno los edificios más conocidos de Rusia: el de Lubyanka, en Moscú. Allí funcionaban los cuarteles generales de la KGB.

El primer interrogatorio duró tres horas. Powers decidió darles a sus interlocutores información que suponía que tenían y que no sería sensible. Todas verdades a medias que no comprometerían su misión y que sonaran un poco más reales a la que relató apenas fue detenido.

Powers estaba cansado. Muy cansado. Había escapado después de horas de vuelo a un avión en emergencia, trasladado a un pueblo donde era objeto de las miradas de todos, transportado a Moscú en un trayecto que duró tres horas, interrogado por agentes de la KGB y sometido a un examen médico. Finalmente fue llevado a su celda. Mínima. Por su cabeza sólo giraba una idea: sería ejecutado en cualquier momento.

Durante semanas fue sometido a interrogatorios que duraban once horas diarias, de lunes a domingo. Le mostraban los restos de su avión y le preguntaban por cada una de las piezas. Fue acusado de espionaje bajo el Artículo 2 de la Ley Soviética de Responsabilidad Criminal sobre Crímenes Contra el Estado. Fue encontrado culpable y sentenciado a 10 años de cárcel. Fue llevado a la Prisión Vladimir, donde compartiría celda con un tal Zigurd, con quien entablaría una gran amistad.

Un año y nueve meses después, Powers sería liberado. Fue un intercambio de prisioneros que pactaron ambos gobiernos. EEUU mantenía prisionero desde hacía algún tiempo al Coronel Rudolf Abel, un espía soviético a quien habían decidido tenerlo con vida por si alguna vez se veían ante una situación como la que enfrentó Powers. El intercambio se produjo en Berlín, la ciudad que estaba partida y representaba el centro de la Guerra Fría. Se eligió el Puente Glienicke, conocido como el "puente de los espías" en la jerga. Lo último que escuchó Powers de boca de un oficial soviético fue: "La próxima vez que venga a vernos, venga como amigo".

Muchos dudaron del papel de Powers durante su misión. Le reprocharon no haber destruido las pruebas y no haber consumido "la moneda de un dólar". Lo cierto es que el piloto continuó trabajando en la CIA. Aceptó ser instructor de pilotos de prueba de U-2. Luego escribiría un libro. Y más adelante, en 1976, dedicaría sus días a trabajar como piloto de helicóptero para la cadena de noticias KNBC News Channel 4. Su final sería trágico: el 1° de agosto de 1977, mientras cubría un incidente de tránsito en Los Ángeles, su helicóptero cayó. Tanto él como su camarógrafo murieron en el acto.

En su entierro un hecho extraño sorprendió al pequeño hijo de Powers. Un misterioso hombre se le acercó, puso una moneda de un dólar en su mano y le dijo: "Zigurd quiere que tú la conserves". El niño examinó la moneda, miró sus bordes y levantó la vista. El sujeto había desaparecido.

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