
La oposición exige transparencia sobre un convenio que permitiría utilizar al país caribeño como territorio de tránsito
KINGSTON.— Un acuerdo migratorio entre Jamaica y Estados Unidos ha generado protestas y críticas de partidos políticos, organizaciones civiles y sectores religiosos.
El convenio permitiría que Estados Unidos envíe temporalmente a Jamaica determinados migrantes de otras nacionalidades mientras se organiza su retorno a sus países de origen.
El Gobierno jamaicano sostiene que Washington cubrirá los costos asociados y que no serán transferidas personas con antecedentes criminales.
Sin embargo, los críticos reclaman que el contenido completo del acuerdo sea divulgado y sometido a mayor escrutinio parlamentario.
Las preocupaciones incluyen el impacto sobre la seguridad, posibles responsabilidades en materia de derechos humanos y los costos administrativos de implementar el programa.
El debate de Jamaica forma parte de una discusión mucho más amplia sobre la política migratoria estadounidense y sus consecuencias para América Latina y el Caribe. Los acuerdos mediante los cuales terceros países reciben temporalmente migrantes expulsados pueden convertirse en uno de los asuntos diplomáticos más sensibles de la región.